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Nicaragua, crisol de culturas

José Aragón.
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José Aragón.

OPINIÓN: Por José Aragón, Pintor y Crítico Cultural nicaragüense residente en Barcelona

domingo 28 de enero de 2018, 16:00h
La cultura es el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a una sociedad.
Granada, Nicaragua
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Granada, Nicaragua
La mayoría de las prácticas culturales de un pueblo se transmiten, se adquieren y se difunden de generación en generación. Otras, van surgiendo como resultado de la relación e interacción con las diferentes sociedades y culturas del mundo.

Nicaragua es un país culturalmente muy rico. Esa riqueza tiene mucho que ver con su situación geográfica privilegiada, ocupa el propio corazón del continente americano, lo que convirtió a su territorio, desde siempre, en un lugar de paso y encuentro de culturas, marcando profundamente la personalidad de sus habitantes y enriqueciendo su acervo cultural y tradiciones. Los flujos migratorios del sur hacia el norte y del norte hacia el sur de Nuestra América, han ido dejando a su paso por nuestra tierra un sinnúmero de mitos, leyendas, notas y acordes musicales, bailes, recetas de cocina, lenguas, acentos, expresiones, objetos culturales y formas de pensar que han dotado a nuestra gente de un verbo vibrante y elocuente, así como de un espíritu arraigado, a la vez, cosmopolita y libre. Nuestra tierra ha sido lugar de refugio y cobijo fraterno al peregrino, de abrazo de bienvenida y conversación franca, una geografía poblada por manos, miradas y corazones abiertos, alegres, solidarios.

Muchos de aquellos pueblos de la América original, se hicieron sitio en nuestra tierra, asentándose a la orilla de nuestros bellos lagos, lagunas y ríos emprendiendo una vida de trabajo y artes que, aún hoy, siguen visibles, vivas en nuestra cotidianidad y en nuestra forma de ser más profunda y auténtica. Al recorrer los departamentos de Masaya, Carazo, Rivas, Granada, a cada paso emergen y se hacen tangibles la sensibilidad, arte, tradiciones heredadas de nuestros ancestros. Niquinohomo, Nindirí, Nandaime, Diriomo, Diriá, Diriamba, son solo algunos topónimos venidos directamente de nuestras lenguas originarias que siguen como testimonio vivo y orgulloso de nuestro pasado Nahuas y Chorotegas.

Uno de los mayores tesoros heredados de aquellos pueblos es el maíz, grano medular en torno al que gira no sólo nuestro variado mundo gastronómico sino, también, nuestra cosmogonía. El maíz ha sido tan importante en el desarrollo vital y cultural de Mesoamérica que el libro sagrado, El Popol Vuh, señala que los Dioses, cuando decidieron la creación del ser humano, utilizaron la masa de maíz para darle forma y vida.

Deslumbrado por la visión maravillosa y paradisíaca de nuestro Gran Lago Cocibolca, el español Francisco Hernández de Córdoba, decide fundar en sus orillas, una hermosa réplica de la Granada andaluza y la convierte en campamento base para sus expediciones exploratorias. Desde nuestra Granada, la cultura española fue abriéndose paso en medio de la resistencia de nuestros pueblos originarios. Es gracias a esa heroica resistencia de nuestros antepasados que hoy los nicaragüenses gozamos de un patrimonio cultural plagado de referencias a las artes, tradiciones y sensibilidades de aquellos pueblos guerreros y cultos. San Juan de Oriente, Catarina, Monimbó, La Paz Centro entre muchos otros lugares, reflejan en la fisonomía de sus gentes, en su maestría ceramista, en su gastronomía altamente variada, en su organización social y en sus tradiciones esa herencia.

Después de muchos siglos de encuentros y desencuentros, la cultura y tradiciones llevadas por los españoles se han ido fusionando con las de nuestros milenarios pueblos, así como con la cultura africana que también fue depositada en nuestras tierras, para formar hoy un crisol de ricas y variadas expresiones en cuyo inventario se entremezclan bailes africanos como El Palo de Mayo, el Walla Gallo, canciones y rituales misquitos, polkas, mazurcas, bailes de marimbas, una variedad de comidas y bebidas a base de maíz, maravillosas celebraciones religiosas como La Gritería en honor a la Virgen Concepción de María, el Baile del Toro Venado y una larga lista de grandes poetas que han cantado y contado al mundo la vocación creativa y la sensibilidad de nuestro pueblo. De igual manera, podemos mencionar una variedad de artistas plásticos de gran calidad, deportistas de talla mundial, así como la diversidad de productos que hoy por hoy alcanzan los más altos estándares y reconocimiento internacional, como es nuestro café, cacao, ron, carne, azúcar, tabaco, oro, entre tantos otros.

Y si Granada fue la ciudad génesis de esta nueva y orgullosa identidad mestiza nicaragüense, la ciudad de León, otra joya arquitectónica fundada por el mismo Francisco Hernández de Córdoba, fue la cuna donde cristalizó aquella fusión de culturas, encarnada en Rubén Darío, un grande de la América total que con su sensibilidad, su creatividad desbordante y sus delicados versos, se convirtió en la cumbre más alta de las letras y el pensamiento iberoamericano, siendo hoy, a más de un siglo de su partida física, nuestro buque insignia cultural, nuestro embajador permanente ante el mundo, nuestra carta orgullosa de presentación, referencia y referente de lo mejor de nuestras influencias culturales, sublime y elevada síntesis de la nicaraguanidad que hoy, el Gobierno Sandinista ha potenciado mediante una diversidad de políticas públicas centradas en el bien común de la ciudadanía en general.

Vigorón con Chicha, Parque Central, Granada.
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Vigorón con Chicha, Parque Central, Granada.
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