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La precariedad laboral por cuenta ajena o el desempleo en España no están siendo impulsores contundentes del emprendimiento

Martes 24 de diciembre de 2019
Existe el pensamiento extendido de que, para emprender, debe surgir una idea en la cabeza del emprendedor que cuaje y quede instalada en su cabeza, impidiéndole pensar en otra cosa. id:53572

Si bien es cierto que la mayoría de los emprendedores en España lo son como respuesta a una oportunidad que identifican en el mercado, la realidad es que también existen los que lo hacen motivados exclusivamente por la necesidad.

Según el último informe de 2018-2019 realizado por GEM España, la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA) es del 6,4%, la mayoría de ellos motivados por su propia idea. Sin embargo, tan sólo un 1,4% corresponde a aquellos que emprenden por encontrar una ocupación, por falta de alternativas laborales. Y no deja de ser paradójico que, habiendo una tasa de paro de más del 14%, el porcentaje de aquellos que buscan el autoempleo no sea mayor.

Viendo estos datos, se podría pensar que el paro en España es un episodio breve. Que uno encuentra trabajo tan rápido como se quedó en paro, por lo que no le da tiempo a plantearse un emprendimiento. Sin embargo, esto contrasta con otro dato lapidario: España tiene una de las tasas de paro de larga duración más altas de la Unión Europea, sólo superada por Grecia. Y aunque se ha ido reduciendo este porcentaje a lo largo de los últimos años, la realidad es que los números dejan que desear, duplicando el promedio europeo.

Esto lleva a la pregunta: ¿Se está gestionando bien las ayudas a esos parados? ¿Se favorece la formación y la motivación por emprender? Es evidente que se debe estar haciendo algo mal cuando la tasa de emprendimiento en el país es notablemente inferior a la media europea.

Probablemente el problema radique en ese concepto “pasional” y romántico del emprendimiento. Cuando la realidad es que la motivación –bien llevada– de emprender por pura necesidad puede ser la más contundente. Para tener éxito en un nuevo proyecto, lo que más peso tendrá serán las ganas de trabajar y las ganas de que funcione. Y nadie tiene ese sentimiento más fuerte que alguien que se lanza por falta de alternativas.

Desde los inicios de MiGestoría Online, hablan a diario con emprendedores. Uno de sus servicios es dar de alta a autónomos o constituir empresas, por lo que cada día acuden a ellos todo tipo de personas con diferentes ideas de proyecto o motivaciones para iniciarlas. Sin embargo, es llamativo cómo muchos de los que toman la decisión de iniciar una nueva vida laboral por cuenta propia para salir del paro, no conocen cómo pueden aprovechar la prestación del desempleo para ello.

Según el informe mencionado al principio del artículo, el principal obstáculo para el emprendimiento en España es la consecución de la financiación. Y quizá se podría añadir otra barrera: La falta de conocimiento sobre las ayudas al emprendedor, tanto locales como a nivel nacional.

Por poner un ejemplo, hay una evidente falta de concienciación sobre las posibilidades que puede brindar la prestación por desempleo. El “paro” no es sólo una mera cantidad que se percibe hasta que se encuentra otro trabajo o, en el peor de los casos, hasta que se agota. Este dinero puede ser un impulso a una carrera profesional, el capital inicial que se necesita para crear una empresa o para invertir en publicidad en Google promocionando los servicios como autónomo.

Actualmente, existen tres formas principales en las que se pueden utilizar la prestación para emprender: El pago único, la compatibilidad y abonando la cuota de autónomo. La primera consiste en solicitar el paro que queda por cobrar como inversión inicial de una nueva empresa, presentando un modelo de negocio donde se explique a dónde irá el dinero.

La segunda es una opción muy interesante: Se trata de cobrar el paro a la vez que se inicia el proyecto como autónomo o empresa de nueva creación. Durante un máximo de nueve meses, se podrá cobrar el paro mientras se trabaja. Se trata de una “tregua” para poder arrancar el negocio y empezar a conseguir los primeros clientes, sin renunciar a pagar el alquiler en los primeros meses como trabajador por cuenta propia.

La tercera es quizá la más discreta, pero nada despreciable: Se puede solicitar que el paro que corresponda, lo inviertan en cuotas de la Seguridad Social. Es decir, que se podría olvidar el emprendedor de las cuotas de autónomo hasta que “consuma” toda la prestación. De esta forma, no tendrá que abonar la cuota mes a mes, cuando todavía no tenga ni clientes ni ingresos.

Es cierto que estas opciones sólo se podrán utilizar mientras se tenga derecho a la prestación. Sin embargo, si no se contase con esta ayuda, existen muchas otras significativas dirigidas a negocios de determinados sectores o colectivos especialmente vulnerables.

Es cierto que, además de la financiación, existen otros frenos en el emprendimiento como la dispersión regulatoria o el exceso de burocracia. Pero estos son fácilmente salvables contratando a una gestoría que libere al emprendedor de esos trámites.

Lo realmente alarmante es que la precariedad laboral por cuenta ajena o el desempleo no estén siendo impulsores contundentes del emprendimiento. Está claro que la falta de conocimiento de dichas posibilidades puede ser un obstáculo a la hora de fomentar el autoempleo.

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